Fragmento de novela “gotas”

Caen gotas, mientras Camila camina por la vereda observa estos goterones y la mancha insistente en el piso, decide no mirar hacia arriba, en su lugar decide pensar que son jugarretas de algún personaje escondido.

Se queda observando la gotera  y descubre que son más y que caen en  un ritmo que se repite luego de unos segundos, por un momento se apena por esas gotas suicidas, imagina un grito sordo que emiten al caer y le aterroriza pensar que  su muerte sea en vano. Es cuando decide ir a salvarlas abrigándolas en su abrigo de fieltro, una de ellas cae en la manga del abrigo disolviéndose en una micro carcajada  que llena de alegría a Camila.

Ese día un desfase imprevisto hace que Gabriel pase por esa esquina minutos antes, viene de la pileta, pero una sensación de urgencia le hizo pararse incluso antes de su asiento y en vez de distanciar más aún el encuentro con Camila (como ocurre a diario) lo propicia.

Gabriel llevaba un paso rápido hacia casa, pero por el rabillo del ojo pudo ver alguien saltando, yendo y viniendo según un ritmo ajeno a la adultez. Se detiene y se queda observando a Camila, ve como socorre estas gotas y comprende de inmediato la audaz misión de la niña. En él brota una curiosidad tremenda la cual no hallará refugio tan velozmente como él hubiese querido.