Viaje (o Camila)

Cuando la vi a través de mi velo pude ver unos ojos grandes mirándome, lo subí dejándola entrar desde la distancia, era un gesto infantil, y poco decidido, sin embargo eso abrió las puertas de la sinceridad, aceptando mi torpeza podía dejar otros velos y darme cuenta de la increíble necesidad que había tenido de ellos, así iría desojando mis capas como una cebolla tierna y dulce.

Cuando se acercaba el fin yo también me acerque a ella, así el fin y yo nos encontramos, le mostré la utilidad de mi velo, su protección y el mundo que se escondía allí abajo, ante lo que ella replico:

“Si, pero todos te ven igual”… insistí en la sensación de protección que brindaba el velo y vi tras sus ojos la manera pura y simple en cómo me veía, y lo más importante, pese a mis inerciales intenciones, ella me veía.

Naturaleza y solipsismo

La batalla que se da en mi cuerpo desde la materia más articulada hasta la más contrahecha, aquel devaneo externalizado como enfermedad que define un “deber” de lo vivo, una “ética del prevalecer”, o aquella transacción que sostienen mis pulmones con la atmósfera dibujando lo que de manera esencial representamos como “relación”, todo ello es una lucha sin tiempo en donde se enfrenta el arco uterino de una sensación original, de un inasible “objeto parcial”con la forma intransigente de la geometría abstracta:  supuesta continuidad del afuera. Es esta oposición una formula sincrónica que habla del mundo en tanto aquello asociado a la experiencia, asociado a la madurez de un “pese a mi persona”, sin embargo la exterioridad ha nacido tarde y no existe forma de re andar el perímetro de aquello que se ha respirado, no existe forma de refundir el cuerpo con el mundo una vez que la piel ha existido. Una vez que padecemos, ahora si… su duración.

¿Y si desapareciera?

Cuantas horas húmedas hallarían su cese,

Cuantos pensamientos redondos,

mordaces compañeros de lujuria silenciosa

desaparecerían junto a aquella porción de mi mundo

que es también mi cuerpo y el tuyo.

Hablo también del sexo solitario,

esa cojera social que encuentra su prótesis en la parcelación de los dominios,

en la complicidad arrugada de una búsqueda travestida y anonima,

una búsqueda por goteo que canjea figuras,

que las vuelve intercambiables

borrando-el-espesor-hermosamente-discontinuo-de-nuestros-encuentros…

 Volviéndolos maquinas amarillas de diseccionar.  

Infante, Fragmento…

Se trataba de un profundo amante de la música, una melomanía informe desafiaba los limites y la utilidad del concepto para este sujeto inacabado, ¿qué es la música?, ¿para qué imponer su orden?…

Todo aquello era solo un limite protocolar y domestico ante la urgencia orgánica de su  satisfacción, había algo que se llamaba música pero que parecía anterior a todo requisito, a toda carencia y a toda causa pues en su presente pleno indefectiblemente se encontraba un “grado 0”, un recomenzar que hacia olvidar la medida de su mundo.

“Música”, a veces había que volver a la palabra solo para anclarse en un ahora que recordase el sentido de escuchar aquella duración, de acompañar, de continuar junto al tiempo, y este no tenía otro motivo fundante que el de sostener la, o bien el tiempo era la música misma, sería el andar, andar con una falla cadenciosa que anunciara un umbral de intensidad, un repique, una duración, un estar en la materia y un olvidar en el cuerpo y vise versa solo para hilvanar la masa y la otra vez duración que vive y cuesta,… el ritmo, la resistencia de los organos al reclamo del alma, un sucumbir y un obrar de los tejidos, un palpitar antiguo y evidente y un palpar razante y desarmable… la música otra vez.

En este universo de introspección Gabriel encontraría el sentido más rotundo, la confirmación epifanica de un ahora y de un por siempre que  cobraba la forma de una estrategia imperturbable: una melodía entrañablemente familiar se repetía al infinito anunciando la formula más fiel al sentido de lo musical, “Alicia va en el coche, carolin, Alicia va en el choche carolin, a ver a su mama, carolin cacao leo lao…”

En un momento aquella melodía, la simplicidad hipnótica de su narrativa, y todo ese cumulo de estúpida inocencia se transformaban en el centro imperturbable de lo musical, la misión falsamente extenuante de la creación se reduciría a unas combinaciones folclóricas y ridículas, versiones inverosímiles de “Alicia va en el choche” se transformaban en la única alternativa militante del arte musical contemporáneo, en el núcleo duro de la inteligencia humana, ya no más una composición como acrobacia consatatativa de una materia sino que un abuso incontenible de la gramática de la música, de sus posibilidades filiales y semánticas, un solo irónico ejercicio de estilo condensaba todo lo necesario: “Alicia va en el coche…”

“Piel” Fragmento de nueva novela

La piel no es solo la superficie, sino que es también el límite de lo visible. No podemos ver que hay dentro del cuerpo sin destruirlo, no podemos estar del todo claros sobre la anatomía sin la disección explicativa de nuestros funcionamientos, miles de años de carnicería curiosa y científica anteceden el universo histórico de nuestro cuerpo, la piel es aquel motivo que contiene y que se divide infinitamente entre lo interior y lo exterior, entre lo que somos y lo que es.

Tocar es la acción que explicita lo discontinuo, tocar es devenir aquello tocado el tiempo necesario para volver a establecer el límite, la piel es la garantía temporal que mediante -la espera- del contacto da cuenta del mundo y de su empírica erosión.

La piel siente el mundo en relación inversamente proporcional a su duración, el epifenómeno de un pellizco es un acontecimiento cuya intensidad se verifica en lo filoso de la alteración de su superficie, lo ”incisivo” seria el concepto que regula la relación entre la amplitud borrosa de una piel y el agente penetrante, punzante, razgante.

La idea de piel parece surgir al mismo tiempo: de la relación sensible del límite entre nosotros y el mundo, y la casería sangrienta que quita la piel de un otro. Quitar la piel a un conejo, a un árbol o a una naranja, es administrar su contenido. Tomar la piel en mis manos como cascara vacía desafiando la dignidad de la idea de interior ¿será un desde siempre? o ¿es posible imaginar un momento primigenio donde éramos pura voluptuosidad corporal?, una sola masa sensible aún dueña de la continuidad entre el sentir y su profundidad.

Fragmento de nueva novela…

Sabido es que escribiendo se puede llegar a cualquier parte. La gramática y la semántica se yerguen la una en un sistema de referencias posibles  la otra en una red de contenidos imaginables. Así,  el mundo de lo posible e imaginable se ha inaugurado y ha derribado los límites, para algunos imprescindibles, de aquella convención la más castrante de todas llamada “realidad”…

Fue asi

Fue así

Sabía que era un sueño,

supe por años de años

que mi vida era soñada,

que aquello que acontecía era un eco apagado

de lo prometido,  ficción animada…

sin embargo tenia la amplitud inacabada de lo real,

el padecer  erosionante del tiempo.

Fue así como la quise,

fue así como la olvidé,

fue así como camine sin parar

por caminos siempre familiares

hasta que en silencio desperté.

Rubi

Ayer caminaba en un doblez oculto de la noche, pude percibir que todo estaba ahí de un solo golpe y sin embargo toda esa realidad que insiste silenciosa se veía amenazada por cierta desconfianza,  percibir ahora era abandonar la duda y amar el  eterno rincón olvidado al lado de la cuneta.

Éramos invisibles en cuanto vegetales, parados cada uno en su posición definitiva habíamos devenido plantas…  se acercaban y nosotros no podíamos más que padecer la quietud, nos vieron, se asustaron, nos tomaron por locos o simples arbustos. De pronto ella se acercó, nos preguntó que que hacíamos, dejo de ser un simple humano para penetrar nuestra improvisada anima vegetal, titubeamos y explicamos que paseábamos… luego se la llevaron. Quedamos solos amando la condición limite que nos permitía ser arboles y personas, comprendimos que era uno de los nuestros.

Se atrincheraron en la utilidad urbana de una plaza de madrugada, bebían y reían, era una sola gran constelación de movimientos torpes y predecibles. Decidimos investigar, llevarle un regalo a nuestra apenas descubierta criatura y así sacarla de esa quietud histérica de aquella sociedad escandalosa, caminamos con paso firme hacia ellos, yo vestía mi bata azul, mi gorro de fieltro y mis pantuflas, en mi mano llevaba un diente de león para ella, para su planeta.  Con seguridad y lentitud entramos en aquella efímera aldea, perros vienen a recibirnos, me miran, y uno de ellos levanta su pata y me la entrega con mirada tierna y segura, es como si siempre nos hubieran estado esperando…. La gente en sus bancas ríe y no disimula, nosotros tranquilos buscamos sus ojos para que Rubí pudiera soplar las semillas, para que su humanidad se entretejiese con nuestras hojas, con nuestros rastros, con nuestro florecido amor.

Amenaza y libre expresion

Amenaza: f. pl. Der. Delito consistente en intimidar a alguien con el anuncio de la provocación de un mal grave para él o su familia. RAE

Existe una convención jurídica y social que establece la amenaza como un delito que indudablemente coarta la libertad y la seguridad de un individuo, frente a ello hay formas que “expresan” esta voluntad de causar dicho mal. La ley establece cierto protocolo del amenazador y la sociedad podrá por su parte distinguir aquello que es una  amenaza personal o colectiva, más o menos explícita.

Pero más allá del protocolo formal con que se expresa una amenaza hay un antecedente histórico que visibiliza aquella “intención” estableciendo así una relación inevitable entre -dadas las circunstancias- ideología y acción, es el caso de la alemania nazi en donde el conjunto de ideologías que validaron algún día el exterminio de un grupo étnico, hoy aparecen incuestionablemente para aquella sociedad como una amenaza explicita, y como tal la misma comprensiblemente se protege.

Si a alguno aun no le queda claro este preámbulo les cuento que apunto  a nuestra reciente historia local y las heridas abiertas de nuestra dictadura. Unos argumentarán que no se trata de lo mismo dada la magnitud y ciertas dudas que abrigaran hasta el fin de sus días, por ignorancia o tozudez, pero lo cierto es que el caso es bastante similar, tal vez con la salvedad que el “líder” nazi contaba con un abrumador apoyo ciudadano no siendo el caso del polémico personaje chileno.

Es aquí donde mi perplejidad me motiva, y es en la corroboración de una penosa confusión donde encuentro mi deber de hablar. Hoy asistimos a la singular, y para algunos conveniente confusión entre “libre expresión” y “amenaza”. Tras la bandera de la libertad unos pretenden homenajear a un asesino, su motivación: supuestas buenas acciones de aquel “héroe patrio”, pero ¿no es verdad que todos hemos obrado bien algún día? ¿No es cierto que aquel violador tuvo una difícil historia y algún día como ser humano que es también expresó su humanidad y tuvo a su manera algún cotidiano acto heroico?… pues bien creo que no basta con lo bueno que se haya hecho, no basta con imaginar la ternura o las buenas intensiones de uno que ha actuado como un monstruo y mucho menos cuando dicha monstruosidad es defendida por un grupo.

Si al menos se  nos concediera el hecho de que aquello estuvo mal y que nunca debería repetirse, al menos si hubiera una intensión (real) de balancear los costos aún sabiendo que estuvo mal, muy mal, pero no puede existir aquella intención puesto que no hay nada que pueda justificar lo macabro, cobarde y sin sentido de esos actos… cualquier balance es una contradicción.

Finalmente lo que veo en mi país es un cerrar los ojos, un no hacerse cargo de la historia, un volver a asesinar a un pueblo por la vía retorica de un llamado a la libre expresión. No se trata de banderas políticas, de libre mercado o comunismo, se trata de la vida humana y su dignidad, defender a un asesino es ser su cómplice y la expresión libre de aquello no es más que una amenaza, que con la complicidad de un gobierno pretende  disuadirnos  y perpetuar dicho proceder.

En definitiva expresarse te incluye a ti como ser humano en la diferencia y en la equidad,  en cambio defender la tortura, y la muerte no expresa más que la exclusión,  doblemente grave pues es validada por la dudosa autoridad de un gobierno que aparece cómodo y pusilánime.

Defender al asesino no es solo volver a asesinar a los caídos es también asesinar virtualmente a todos los que piensan distinto… algo muy distinto de la libre expresión.

Criticando mi disciplina y la vieja escuela #Arquitectura

Siempre he pensado que la arrogancia es un terror encubierto, un mecanismo de defensa ante una amenaza que no es tal…

En el caso de las vacas sagradas de la arquitectura la situación se agudiza pues lo defensivo hace  sospechoso aquello que se produce en el marco de una disciplina tan antigua como pretenciosa. Los arquitectos hemos sido a menudo invitados a opinar y a hacernos cargo de múltiples problemáticas, la figura de un Da Vinci avala el mito creativo y metodológico de un genio, sin embargo la disciplina se ha dormido en los laureles pues no ha sabido aprender de “nuevas” disciplinas que están ahí para brindar nuevas soluciones y respuestas ante paradigmas necesarios y no -necesariamente- ideales.

Los arquitectos nos creemos médicos, sociólogos, psicólogos, etc, pero no somos capaces de hacernos cargo de una instrumentalidad definida, todo mecanismo se estetiza, se adapta -muchas veces- de manera simplificada, se transforma en ejercicio de estilo inconsciente…  ahh si al menos gozáramos de la maniobrabilidad que da la conciencia del “ejercicio”, pero no, creemos que estamos inventando el agua caliente y a menudo no pasa de un complejo onanista que solo puede hacerse cargo, y solo hasta cierto punto de un resultado formal. El ejercicio de estilo, en literatura por ejemplo es una acrobacia consiente, un entrenamiento material, la masturbación formal en arquitectura podría serlo sino pretendiese ser la cura del cáncer o pretender hacer feliz al hombre en su hábitat (como si toda esa responsabilidad dependiera solo de él). Se confunden las condiciones con las determinaciones, falacia metodológica, intima satisfacción comprensible.

Puede parecer que desprecio el quehacer arquitectónico pero muy por el contrario pienso que este se encuentra a la vuelta de la esquina, y si acuso formalismos e inconsciencia es bajo la corroboración de una opacidad deontológica importante, en el fondo todo el ego del arquitecto sirve a una sola neurosis cual es la de no hacerse cargo de los mecanismos, celando la disciplina frente a otros que renuevan sus paradigmas encontrando verificaciones inmediatas que no hipotequen el honor de una disciplina (una verdadera disciplina no se cuantifica, se articula)  . El arquitecto anticuado se cree un experto en la amplitud y vaguedad de su campo, las más de las veces fetichizando su trabajo y confundiéndolo consigo mismo, si se tratase de arte en estado puro la cosa iría muy bien pues como bien dice Duchamp “El arte es lo que el artista dice que es”, pero muy por el contrario, la arquitectura es un quehacer que involucra muchos actores y es por ello que ser un experto en materia arquitectónica ha dejado de ser funcional a la sociedad y se ha transformado en una aporía de la posmodernidad: “solo un experto puede lidiar con el problema debido a que la mitad del problema está viendo el problema…” (Laurie Anderson).

En el fondo lo que quiero decir es que la disciplina necesita cambios profundos y estos no pueden venir del paradigma genético clásico pues no da abasto ni como oficio ni como institución. El precio de esta reestructuración es un precio implicado en el sujeto arquitectónico el cual ha dejado de ser operador de sus instrumentos para padecerlos, lo que en “romántico”  quiere decir que este no puede desprenderse de sus antidiluvianos y amados métodos simplemente porque no son métodos sino un simple y “sofisticado phatos”.  No todos son (somos) así, hasta tal vez sean (seamos) los menos pero mientras la figura del arquitecto sea una metáfora de la arrogancia creo que queda mucho por recorrer.