X Ausencia (fragmento vieja novela)

“Put me in your blue skies or put me in your gray
There’s gotta be someway, there’s gotta be someway
Put me in your tongue tie, make it hard to say
That you ain’t gonna stay, that you ain’t gonna stay”

At the Hop, Devendra Banhart

Por esos días me encontraba muy excitado con la idea del viaje,
faltaban pocos días y aquel plan que había trazado hace casi un
año estaba a punto de florecer. Un viaje es una muerte y un
renacer, es el camino más corto para lograr aquel extrañamiento
que te permite ver un lugar con otros ojos, vivir una vida singular
en donde la subjetividad es capaz de satisfacerlo todo. Estaba
frente a esa puerta y desde fuera era notoria mi excitación así
como también mi convicción de que viajar era también como diría
Houllebeq la posibilidad de una isla.
Recuerdo que cuando se me ocurrió la idea del viaje estaba aún
enrollado con la imposibilidad hoy asumida de una vida con mi ex.
Se trataba de una mujer increíble que dejó huellas en mí. En ese
entonces esas huellas se leían como frustraciones y como siempre
el aprendizaje se mostraría en la perspectiva completa del tiempo.
El viaje de algún modo cumplía el rol de una motivación mayor, un
desafío accesorio que daba sentido a esos días grises.
Como cualquier individuo idealista, melancólico y neurótico de
nuestra época en ese entonces sufría por aquello que había
perdido. Algo que en un momento me parecía arrogancia y
comodidad, hizo que no valorara a esa tremenda musa intelectual.
Hoy a la distancia solo puedo ver la naturalidad de mis actos y
dejar de castigar al hombre que hizo o no hizo lo que se supone
tendría que haber hecho. Finalmente las elecciones que uno hace
siempre tienen sentido y es solo bajo la exigencia del “podría
haber sido”, figura maldita de nuestra gramática, que
desconocemos nuestros actos y castigamos al niño libre que opta,
naturalmente.
En cuanto al viaje se había transformado en mi motor
fundamental, quería que ese motor fuese mi propia vida pero
cierta vacilación constante hacía que aquello fuese imposible,
necesitaba ponerme de pie y un viaje, escape siempre oportuno,
era mi salvación.
La agonía de aquel amor duró años, fueron meses de duelo y
sufrimiento y luego la insistencia obsesiva por recuperarla. Natalia
no era así, no se prestaba a juegos, se trataba de una mujer
madura tal vez demasiado y ese era su pecado. Lo cierto es que su
digna negativa me parecía una venganza, mal que mal era ella
quien se supone estaba profundamente enamorada y quien no
quería salir de mi vida. La revancha fue tan solo una consecuencia
de mis decisiones, la vida me mostró que las cosas cambian y que
si un día alguien parece estar ahí incondicionalmente, mañana
puede desaparecer y si bien hay una fatalidad natural de los que
nos dejan, el resto de las ausencias responden a nuestras propias
elecciones.

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