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¿Y si desapareciera?

Cuantas horas húmedas hallarían su cese,

Cuantos pensamientos redondos,

mordaces compañeros de lujuria silenciosa

desaparecerían junto a aquella porción de mi mundo

que es también mi cuerpo y el tuyo.

Hablo también del sexo solitario,

esa cojera social que encuentra su prótesis en la parcelación de los dominios,

en la complicidad arrugada de una búsqueda travestida y anonima,

una búsqueda por goteo que canjea figuras,

que las vuelve intercambiables

borrando-el-espesor-hermosamente-discontinuo-de-nuestros-encuentros…

 Volviéndolos maquinas amarillas de diseccionar.  

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