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Criticando mi disciplina y la vieja escuela #Arquitectura

Siempre he pensado que la arrogancia es un terror encubierto, un mecanismo de defensa ante una amenaza que no es tal…

En el caso de las vacas sagradas de la arquitectura la situación se agudiza pues lo defensivo hace  sospechoso aquello que se produce en el marco de una disciplina tan antigua como pretenciosa. Los arquitectos hemos sido a menudo invitados a opinar y a hacernos cargo de múltiples problemáticas, la figura de un Da Vinci avala el mito creativo y metodológico de un genio, sin embargo la disciplina se ha dormido en los laureles pues no ha sabido aprender de “nuevas” disciplinas que están ahí para brindar nuevas soluciones y respuestas ante paradigmas necesarios y no -necesariamente- ideales.

Los arquitectos nos creemos médicos, sociólogos, psicólogos, etc, pero no somos capaces de hacernos cargo de una instrumentalidad definida, todo mecanismo se estetiza, se adapta -muchas veces- de manera simplificada, se transforma en ejercicio de estilo inconsciente…  ahh si al menos gozáramos de la maniobrabilidad que da la conciencia del “ejercicio”, pero no, creemos que estamos inventando el agua caliente y a menudo no pasa de un complejo onanista que solo puede hacerse cargo, y solo hasta cierto punto de un resultado formal. El ejercicio de estilo, en literatura por ejemplo es una acrobacia consiente, un entrenamiento material, la masturbación formal en arquitectura podría serlo sino pretendiese ser la cura del cáncer o pretender hacer feliz al hombre en su hábitat (como si toda esa responsabilidad dependiera solo de él). Se confunden las condiciones con las determinaciones, falacia metodológica, intima satisfacción comprensible.

Puede parecer que desprecio el quehacer arquitectónico pero muy por el contrario pienso que este se encuentra a la vuelta de la esquina, y si acuso formalismos e inconsciencia es bajo la corroboración de una opacidad deontológica importante, en el fondo todo el ego del arquitecto sirve a una sola neurosis cual es la de no hacerse cargo de los mecanismos, celando la disciplina frente a otros que renuevan sus paradigmas encontrando verificaciones inmediatas que no hipotequen el honor de una disciplina (una verdadera disciplina no se cuantifica, se articula)  . El arquitecto anticuado se cree un experto en la amplitud y vaguedad de su campo, las más de las veces fetichizando su trabajo y confundiéndolo consigo mismo, si se tratase de arte en estado puro la cosa iría muy bien pues como bien dice Duchamp “El arte es lo que el artista dice que es”, pero muy por el contrario, la arquitectura es un quehacer que involucra muchos actores y es por ello que ser un experto en materia arquitectónica ha dejado de ser funcional a la sociedad y se ha transformado en una aporía de la posmodernidad: “solo un experto puede lidiar con el problema debido a que la mitad del problema está viendo el problema…” (Laurie Anderson).

En el fondo lo que quiero decir es que la disciplina necesita cambios profundos y estos no pueden venir del paradigma genético clásico pues no da abasto ni como oficio ni como institución. El precio de esta reestructuración es un precio implicado en el sujeto arquitectónico el cual ha dejado de ser operador de sus instrumentos para padecerlos, lo que en “romántico”  quiere decir que este no puede desprenderse de sus antidiluvianos y amados métodos simplemente porque no son métodos sino un simple y “sofisticado phatos”.  No todos son (somos) así, hasta tal vez sean (seamos) los menos pero mientras la figura del arquitecto sea una metáfora de la arrogancia creo que queda mucho por recorrer.

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Acerca de sebastiandiazrovano

"Creo fervientemente en la revolución, no como parricidio moderno, sino más bien como excedente de sentido".

3 Respuestas a “Criticando mi disciplina y la vieja escuela #Arquitectura

  1. laVILLA ⋅

    me gustó:
    A fines del siglo pasado comenzé a estudiar arquitectura a los 16, con la ingenuidad adolescente de una niñita que recien había dejado de jugar con barbies. El modelo educativo que recibí era un copy-paste del espíritu de post guerra mundial: el arquitecto DIOS que nació de modernismo, como respuesta el Arquitecto Artista dependiente del mecenazgo aristocrático.
    En el actual escenario de información y democracia, ese modelo es una Rídicula manera de enfrentar una profesión. Me enseñaron con un clasismo medieval y un discimulado aribismo para alcanzar la aristócracia. El resultado: es que salen todos medios chalados, uniformados de COOL. Afortunadamente algunos son inmunes y otros cachamos en el camino, después de lidiar con maestros (que saben lo que hacen) o perseguir pagos de una de las 3 profesiones con menos futuro laboral de Chile.
    A la enseñanza de la profesión le aterrizar en el siglo 21, en los valores del siglo 21 y en la forma de lidiar holisticamente el contexto, la cultura y la tecnología.

  2. flexo ⋅

    creo ke los arkitectos no saben nada de la vida..
    saludos.

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