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Marchar: lo comun a todos, la posesion del que menos posee.

“La sociedad se constituye a partir del nivel común más bajo de sus miembros: lo que es común a todos solo puede ser posesión del que menos posee”. (George Simmel)

Lo intentaré de nuevo, retomo la frase de Simmel para plantear el tema de las marchas y ver si puedo ser más claro en lo que me fascina de la frase.

Entonces estábamos en esta idea del mínimo común denominador, la sociedad como un grupo de afinidades que se funda de lo general a lo particular. En este sentido podemos oponer a esa idea la de un individuo, o bien de un grupo que se identifica con ciertos rasgos muy claros: un grupo de artistas, un grupo religioso o bien, ya diluyendo lo singular, un grupo de barras bravas. Si, son dos extremos de lo social, identidad de lo singular, de lo único y diferente, versus generalidad de un total, pero esta generalidad no es vacía ni abstracta es bien la generalidad de lo mínimo que tenemos en común, y para ser más exacto lo mínimo que tiene el que menos posee (en todos los sentidos), de lo contrario, este ultimo quedaría excluido. Y bien, si entendemos la idea en el plan de lo común a todos y que por lo mismo puede prescindir de ciertos rasgos complejos, metodológicos o programáticos, ciertas ideas guiadas en la voluntad o bien institucionalizadas por la ideología, solo si lo entendemos en su vaguedad y totalidad podemos aceptar que un grupo creciente “represente” una inquietud que sin embargo no tiene la exigencia, en tanto mínimo común denominador, de ser algo muy sofisticado o articulado, en resumen es algo que simplemente pasa, un síntoma para unos, una sensación para otros.

Creo que el estado de efervescencia y las continuas movilizaciones que vive nuestro país responden a esta necesidad común, a una especie de hastío que no segrega los grupos en: ideológicos, de izquierdas, los de siempre o los que saben lo que hacen y los que no. Tal vez para muchos si exista esta diferencia pero es claro que algo logra reunir a las personas y hace diluirse estos límites, ya no son los limites pre hechos de una organización ni de un partido político, son simplemente los límites de lo creciente, del fenómeno, que dada su naturaleza logra incluir (a diferencia de las instituciones tradicionales, llámese democracia, gobierno etc). Siguiendo esta idea es que una marcha de Hidroaysen cuya bandera podría pertenecer a ecologistas fanáticos logra incluir el descontento de familias, niños y jóvenes, una marcha del orgullo gay da un giro mágico y se transforma en marcha de la igualdad haciendo un guiño cómplice a la sociedad entera, y una demanda por la educación logra retomar un tema clásico pero desde la perspectiva de un “no les creo” generalizado que viene a ser el nivel común más bajo de los miembros de una sociedad o dicho de otro modo: el punto de partida de una demanda de participación.

Frente a este estado de cosas he oído y leído críticas del tipo: “ahora está de moda marchar”, como si la sola recurrencia de los hechos, la sola forma bastará para hablar de moda en los términos banales en la que se utiliza este adjetivo. Y es allí donde aflora nuestro conservadurismo provinciano, se pone el acento en lo repetido sin comprender que aquella repetición más allá de ser formal es también un fenómeno natural, inevitable en la medida que responde a lo mínimo común denominador, algo espontaneo, sin la actitud deliberadamente “posera” de una moda. Por otro lado me parece que hablar de moda en este caso no le resta ni le suma legitimidad al fenómeno. Hay una voluntad común de sumarse, una sensación de adrenalina que muchas veces puede terminar en hechos sin sentido, sin embargo esto no es motivo suficiente como para quedarse en casa a perpetuar la “antigua moda”, ¿porqué tendría que serlo?.

Finalmente la televisión y los medios que administran las modas formales, aquellas que están  diseñadas para sostener un sistema económico como el nuestro, obviamente utilizan este material. Así desde el programa “más serio” hasta el ocupado en las banalidades mas superfluas echaran mano del tema pues es coincidente con un fenómeno de masas regulable, en resumen el fenómeno se vuelve mediatizable, mercantilizable, etc. Sin embargo pienso que hay que abrir los ojos, a ver si de una vez por todas se nos pasa ese mito cómodo y cagón de “volver a la normalidad”: la normalidad complaciente, la misma de siempre, la que no hace ruido. Habrá que entender que cuando el gobierno culpa a los organizadores de las marchas por los disturbios no hace otra cosa que perpetuar la voz “momia” de unos que ven con malos ojos el cambio y no hace más que apelar convenientemente al orden establecido, aquel que precisamente se pretende cambiar. Encontrará en los desmanes su excusa perfecta para criminalizar las ideas, deslegitimizar un fenómeno que en términos radicales, ni ellos mismos pueden solucionar pero que día a día se transforma en el bien común del que menos posee.

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Acerca de sebastiandiazrovano

"Creo fervientemente en la revolución, no como parricidio moderno, sino más bien como excedente de sentido".

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