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Y la nave va …con mi cuerpo sin organos…

Giro la perilla amarilla bajo las tuberías, enciendo un fosforo, luego giro la perilla del centro y con aquel fosforo enciendo el piloto, mantengo apretado el tiempo suficiente para abrir la llave del agua con la otra mano, dejar la cajita de fósforos sobre el enchufe al lado del calefont y luego de un salto desplazarme hacia la llave de la tina (soltando la perilla del centro), la abro fuerte primero luego despacio para aprovechar el poco gas que queda y lograr que el agua salga despacio pero caliente.

Si, es un ritual técnico que me impone la burocracia de las maquinas habituadas a sus cuerpos   industriales, cuya celebración suele ser automática y sin embargo sospechosamente cercana a la descripción… claro hay que saber explicar el procedimiento a un huésped, para que el agua caliente salga, para que no quede corriendo, o bien para que (el huésped) no muera en el intento.

Una vez lleno el recipiente pretéritamente enlozado, me sumerjo con placer en ese caldo comprensivo. Tomo mi libro y continuo la lectura, me fascina la forma en cómo el protagonista se describe, se observa y hace de esta condición una naturaleza propia, como si observar fuese igual a hablar, convergiendo lo dicho con lo observado, objetivando el mundo en tiempo real. Tomo conciencia de la diferencia entre vivir aquello y describirlo, asumo aquel seductor paralelismo y disfruto su condición de novedad, su voz abierta a los hombres… es una sensación casi corporal. Y de pronto pienso que este efecto narcótico de mi mente solo ha sido posible en la intimidad singular de mi baño de tina y claro, no hay muchas situaciones en donde mi cuerpo este tan gratamente comprometido con el medio y al mismo tiempo empujado a vivir de otro modo: la voluptuosa gravedad que otorga el agua a un cuerpo que se deleita con sus pliegues, sintiendo el calor penetrar en toda su extensión, sintiendo los brazos flotar como titanes marinos en un océano pequeño y perfecto, todo ello hace que cada rincón de mi cuerpo merezca una observación, una constatación del placer solitario distinto a la “parcialidad” de un onanismo… más bien completitud, exilio del tiempo.

Continuo discurriendo en esta realidad uterina y al mismo tiempo tan sumergida en la cotidianidad odiosa de aquello de lo que escapo y que sin embargo funciona. Observo mi pie cerca de un pedazo de jabón olvidado en un rincón de la playa refalosa de mi íntimo océano, lo tomo como si se tratase del hallazgo más importante de mi adultez y descubro como se transforma bajo el agua en una crema compañera, de una consistencia deliciosa que ronronea con mi piel, observo satisfecho su esplendida utilidad. Me jabono…  veo el agua enturbiarse y todo adquiere mas y mas sentido.

De pronto me acomodo y me giro, no es una posición del todo cómoda pero su novedad me conmueve, tengo un recuerdo atávico que me hace sentir como un niño, yo en cuclillas mirando hacia adelante, es una posición infantil, me transporto a esa escena y compruebo que efectivamente era una posición corporal muy distinta al recostarse mirando el techo, posición insustituible en la mecánica del descanso adulto, donde tu cuerpo está un poco más “afuera” de lo que estaba hace 25 años atrás. En cambio, la posición infante descubierta te sitúa en un mar móvil: la tina es una nave que me lleva, yo, coincidiendo con mis limites pierdo la conciencia de mí, me muevo buscando aquel confín, me sacudo, salpico agua, tirito si hace falta… hay un momento donde hace falta.  Y de pronto, empujado por el frio abandono la amplitud imaginada que rodea mi navío y vuelvo a la calma imperturbable de mi tina como abrigo. Me sumerjo lo mas que puedo, y comienzo a sentir un leve frio, el agua, aquella atmosfera que me transformaba en un cumulo de gotas vivas me mira y me dice:  hemos dejado de ser uno, ahora soy fría y tu elástica piel esta allí desde siempre para envolverte, no lo olvides…

Vuelvo a mi piel, separo mi mente de mi cuerpo y los someto a la grilla imposible de lo real. Mis órganos se organizan y se enumeran en voz alta preparando mi entrada al día, a la noche, al universo.

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Acerca de sebastiandiazrovano

"Creo fervientemente en la revolución, no como parricidio moderno, sino más bien como excedente de sentido".

2 Respuestas a “Y la nave va …con mi cuerpo sin organos…

  1. Es hermoso Trinidad… de veras intenso y revelador… claro se nota la influencia de esa oscuridad de “Artaud” (como te contaba no he leído nada de el solo cosas sobre el) , ya es hora de leerlo. Deleuze en quien inspiro mi versión de la aporia del cuerpo sin órganos tiene una influencia fuerte de Artaud también, analiza desde una retorica de este tipo lo inasible de Sacher Masoch, su expresiva constricción existencial llevada al extremo en el “anti-edipo”…

  2. Trinidad ⋅

    tu texto de Y la nave va… con mi cuerpo sin órganos. me recuerda a Antonin Artaud, sobre todo la frase: cuerpo sin órganos, que el plantea pero agregando el vinagre. este autor creo que te interesaría, la esquizofrenia del cuerpo, como medio de conocimiento de los limites mentales y corporales…
    y también me recordo este texto: (que por cierto es de mi creación)

    (didascalias) espacio en negro, luz cenital blanca sobre una tina trasparente; tina llena de agua, sangre, corazones, una mujer en ella, sumergida aparece despacio, primero sus manos que goteen a la superficie… sube lento, hasta verse por completo, las piernas abiertas colgando de la tina, rasgadas…

    Cuando dije adiós, me meti en esta tina,
    tome el filo de nuestras nostalgias
    y me tajie las piernas para nunca más poder salir de aquí
    DESANGRARME
    tener tu sangre mezclada con la mía
    de nuestros recuerdos extraigo tú aroma
    y solo de ello me alimento
    tu rostro nublado es mi dia completo
    mi mirada busca la tuya sin hallarla
    mis pensamientos vagan
    -vinagre sobre el sobre-
    se pierden por senderos profundos
    neblina espesa
    se pierden…. volver a construir…. mente vacia……
    cigarros 20, cigarros 20, cigarros muerte
    me he castigado por querer olvidarte
    por mas que lo intento no puedo
    debo dejarte ir,
    debo dejarte ir,
    debo dejarte ir,
    debo dejarte ir,
    debo dejarte ir,
    debo dejarte ir,
    el eco de tus formas estan tatuadas en rojo
    en mis riñones que ya no funcionan
    sangre que es hiel
    veneno
    me intoxico…
    […..]
    (se sumerge repetidas veces)
    en realidad desde que dije adiós no he tenido descanso
    y creo que he muerto pero aun no me doy cuenta
    (suspiro profundo)
    si tienes tiempo ven a verme
    he guardado nuestra sangre .

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