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Querer decir…

De pronto cedimos paso al desastre de la incomunicación… una rítmica secuencia de malos entendidos abrigados tras un eco de malinterpretaciones justas, elocuentes, ciertas y sin embargo vacías, todo reunido por voluntad obtusa de la malversación de herramientas familiares: un número equivocado, el timbre del vecino de abajo, confusión de personas, etc… En mi caso error y tragedia del “querer decir”.

Si solo se tratase de “significar” la vida sería más llevadera, bastaría con consultar en la taxonomía archivada de los hechos (significados) para obtener todo lo que se necesita, un mundo binario plagado de blancos y negros útiles hasta el hartazgo, suficientes, nunca excesivos. Pero no, la cosa no queda ahí, no basta con que un día digamos dije “esto” o “aquello” como si pudiésemos indicar aquello con el dedo…no, también está el “querer decir”, lo que motiva que alguien, un ser en su calidad ontológica de -ser-en-este-puto-mundo-, vaya a buscar el significado a alguna parte (como si estuviese en alguna parte), este querer decir tiene la forma de algo “dado”, algo resuelto, con sentido, pero no, siempre está ahí inacabado, esta “queriendo decir” y no simplemente diciendo… no dice lo que está diciendo sino otra cosa que aun no termina de acaecer (nunca termina, está vivo).

Hay múltiples caminos para este desastre, uno simple y trivial es el que deja la huella endurecida de la escritura, escritura más allá del papel,  escritura de lo dicho imborrable (sí, eso que oíste), utilizado para mostrar al otro lo que dice y no ve: norma y verdad, todos efectos de la escritura. Podría resumirse todo en una analogía antropolexica: las hay palabras suaves y acogedoras, así como silencios comprensivos y cómplices, pero también está la palabra instituida, referida al evento sobre determinado de lo que se dice (uy lo que dijo!), un insulto es buen ejemplo de esto, garabato, forma poco noble del lenguaje que no es nada sin una correcta dirección, sin la incisiva precisión “escrita” de saber que aquello que se dice tiene un efecto contextual, una “intensión”.

Finalmente, me parece que la batalla infértil de la comunicación “políticamente equivoca” es un acto útil cuando se necesita organizar, cuando se busca en aquello dicho el límite de lo no dicho: su rotunda sentencia, o bien cuando los interlocutores difieren en práctica más allá de la teoría, hay confrontación, y se hace necesaria la convergencia al menos de la forma, para cerrar el asunto, para salir del hastío del desacuerdo residual… entonces el desastre puede ser útil. Si no es el caso, si la voluntad es el mismo suelo, la experiencia común, bueno entonces pudiese ser un problema de presencia: lo escrito prescinde de nosotros, prescinde de mis ojos, de mi presencia, se funda en lo eterno del signo, compañero absoluto de la ausencia, amigo de la suficiencia de lo dicho, a menudo enemigo de la torpe y hermosa ingenuidad del querer decir.

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Acerca de sebastiandiazrovano

"Creo fervientemente en la revolución, no como parricidio moderno, sino más bien como excedente de sentido".

2 Respuestas a “Querer decir…

  1. que bueno que lo planteas desde el arte, dicho así, me parece que satisface una premisa personal: “lo más esencial del hombre es el arte”, esto lo define en el marco de la herramienta, y que mejor herramienta que el lenguaje, que además incorpora al sujeto en un “querer decir” distinto a un significar abstracto, sin mundo. El querer decir del que habló es una formula lingusitica que se usa en muchas lenguas: vuol dire (italiano), veux dire (francés) y no se en que otras lenguas (corrijan me los franchutes)… lo que me fascina de este hecho es que muchas veces se usa como sinónimo del “significar”, pero al aparecer bajo al formula de un deseo se evidencia la carencia de lo que se busca, de ese sentido último que es lo dicho idealizado,,,, se supone la comprensión pero se deja abierta en tanto “deseo” de la misma y no como dato duro de la realidad.

  2. Toré ⋅

    Solo la frase “ querer decir…”..
    Dentro del área de arte o mas bien de creación, ¿qué es lo que motiva a un hombre a crear?, Qué motivación existe para “querer decir”, si no es conocimiento y/o admiración hacia el generador del mensaje.

    Creo que es esta demanda de “querer decir” esta dentro de cinco fases, la primera (única que apuntaré) -valga la redundancia- es querer decir algo, expresar, dar a conocer,( pero qué), otros exorcizar el foro interno, (pero para qué); instancias de creación frustradas que llevan a materializar y a enfrentarse a una crisis.
    En este primer paso este hombre con pretensiones que lo entiendan, con una necesidad de trascender mas allá de la sangre, se enfrenta a sus fantasmas, miedos, caprichos y fetichismos, discierne entre ellos y “crea” o mas bien dice algo, incomprensible para muchos o mas bien para todos, incluso en este punto para él, porque enfrenta a una crisis interna de disociaron del yo o una regresión del yo, que es básicamente enfrentarse a si mismo (fase sobrecogimiento), que finalmente se canaliza en la comunicación de su realidad, proveniente de su verdad histórica personal olvidaba, que en la producción de idea o/y obra permite al autor reapropiarse de si y por resonancia afectiva a momento de fin de obra, el espectador reconstruye una verdad y visualiza al creador, siendo este en ese momento inmortal

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