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Normal no es igual a bueno… (sobre la orientacion sexual)

Existen ideas que parecen simples, cuestiones que al ser explicadas suenan a derroche de elocuencia pero que en lo práctico, en lo cotidiano no dejan de estremecernos con lo excepcional  de sus expresiones. Una de ellas que vibra impotente con ademan de rotunda claridad es la “igualdad”.

La igualdad se asocia a lo “idéntico”,  lo “equivalente”,  lo “mismo”, y es cierto que su naturaleza no deja de reclamar una simetría infinita: el reflejo devuelto de la mirada, pero si toda esta descripción resulta convincente también el concepto resulta ideal y abstracto.

Si lo sé, yo también resulto abstracto aunque pocas veces ideal, pero claro, lo que me motiva pretende trascender el oportunismo ideológico de lo ideal, pretendo hablar de nosotros no del hombre a capela.

Y la verdad es que las ganas me brotan después de ver tal grado de desajuste en una discusión que se pretende de buen nivel como la del programa “Tolerancia 0”, si, tal vez algunos me llamen ingenuo pero me gusta pensar que si alguien dice que habla en serio, no tiene motivos para mentir.  Aquella noche Pablo (Simonetti) exponía la dificultad de arribar a un piso común de igualdad en el contexto de la discriminación a los homosexuales, describió malos ratos e intransigencias de distintos actores de la sociedad, ante eso un Villegas incomodo (e intransigente) pide comprensión, pide que se le conceda el espacio libre para incomodarse por otro diferente, en el fondo pide que no invadan su territorio con lo que él considera más que diferente: anormal.

Lo delicado es que haciendo alarde de una institucionalidad peligrosa legitimada por una gravedad inútil pero mediática este hombre tiene un espacio libre para perpetuar la desigualdad. No voy a entrar en precisiones sobre el concepto, las ciencias sociales proponen ese rigor del cual yo solo tomaré lo que sirva para poner la idea sobre la mesa. Volviendo al tema, Villegas recurre al típico recurso de “la cague pero mejor me enojo antes para que no me digan nada” y claro resulta coherente pues “es una víctima” “la está pasando mal por algo de lo cual no es responsable”puaj! …ahí aparece la desigualdad en la necesidad de decir no somos iguales o para ser precisos no somos equivalentes, en el fondo lo que este hombre reclama como representante del conservadurismo servil de la sociedad es: “no es lo mismo porque lo tuyo es anormal”, en resumen es incomparable, no hay espacio para la equidad.

Para mi pura retorica humanisto-fascista, para otros como aquel la norma es equivalente a lo correcto, y así  es como se asocia erróneamente la norma a lo natural, como si la naturaleza homosexual no fuese tal, como si fuese un teorema sofisticado, una extravagancia evitable. Todo esto perdiendo de vista la persistencia natural de dicho carácter, su continuidad historia y transcultural lo cual no es una justificación de una tendencia sino un hecho real anterior a una bipartición entre lo natural y lo artificial.

Esta  misma tendencia ideológica bajo el mismo supuesto darwineano, patalea ante la imposibilidad de engendrar entre dos hombres arguyendo que si todos fuesen homosexuales el mundo se acabaría, como si ello no ocurriese con todos los excesos hipotéticos: si el mundo estuviese lleno solo de flores seguramente no habría mundo, si fuese solo agua lo mismo, si fuese solo fuego lo mismo, etc. Y bien en lo personal creo que si así fuese esa seria “la norma”, norma para nuestra intelección, acontecimiento absurdo e imposible pero existente en el delirio del lenguaje, pero si así fuese y entendiendo que todo lo que no puede ser de otro modo es natural, entonces nos encontraríamos con un hecho rotundo de la naturaleza que en la recurrencia de los casos, en su homogeneidad factual, forjaría una idea regular normativa, explicativa, en resumen: complaciente con el sentido del mundo tal como la historia de nuestra humanidad lo ha forjado. Es decir una visión estática del mismo mundo, una imposibilidad natural para no superar ni generar nuevos paradigmas, en síntesis una reducción del hombre a una pasiva animalidad a-cultural, reproducción de la misma rigidez epistemológica que abriga el absurdo del “debería ser así”.

Volviendo al caso concreto de esta lucha por la equidad, por un mundo en donde tú y yo que somos distintos somos un “nosotros” mayor que se define por la total posibilidad de realización de  ti y de mí, es que nos encontramos entrampados por instrumentos ideológicos diseñados para separarnos, convenientes para la segregación total de la sociedad y su correlativo control.

El hecho simple de que los homosexuales sean minoría no los hace incorrectos, en el peor de los casos los hace especiales pero nunca erróneos. Su singularidad se encuentra tremendamente exigida por el significante absorbente por excelencia como es “la sexualidad”, aquel espacio mitad animal mitad humano en donde depositamos los sentidos mas prácticos como los más íntimos de la cultura, los cuales sin duda no tienen la facultad de regular exigencias ningunas (éticas?) más allá del amor.

Aun en espacios retrógrados e irresponsables se vincula lo homosexual con la pedofilia, zoofilia, etc. cualquier parafília que resulte suficientemente impactante sin reparar en que lo que constituye a las parafílias es el hecho base de la imposibilidad de tener consentimiento del otro, lo cual de entrada excluye al amor como desarrollo o resultado, situación que se aleja radicalmente de los homosexuales quienes se enamoran, viven y aman como solo el corazón  de cualquier humano puede hacerlo.

El estado de cosas descrito nos habla de una tendencia histórica a medir el mundo respecto a nuestra mirada, cuestión que si bien resulta inevitable y natural tiene un doblez formal horroroso, a saber, lo que Pablo llama “hetero-normativismo” que sería el equivalente al termino antropológico del “etnocentrismo” es decir una medida del mundo en la cual lo más conocido, lo más familiar es lo correcto y el resto es un estado o perverso o en vías de mejorar hacia nuestra orilla. Bajo este criterio subyacente se han perpetrado los crímenes más abominables, se ha acabado con la cultura de los pueblos haciéndolos deudores de un mundo “ideal” que otros imponen a fuerza de educación normativa, a fuerza de religiones externas, políticas convenientes, etc.  Esto no quiere decir que cada vez que se superpone una cultura exista algún tipo de atropello (aunque en lo concreto muchas veces lo haya) más bien esto dice relación con la forma, la idea esencial de lo que se entiende por igualdad, el mestizaje es sabroso y contundente pues en algún momento este surge del amor, de una convención que nos hace comulgar en un nosotros. El hijo de indigena y español es un mestizo legitimo en la medida de que la relación entre sus padres es asumida como cultura, como un todo armónico, más allá de la motivación perversa que pueda haber tras una estrategia imperialista de subyugación, lo concreto es que las personas se aman y esa es la medida del mundo, y no lo es la excepcionalidad formal de los casos… acaso decidimos con quien nos enamoramos, a lo sumo tenemos tendencias, y en la compleja trama de la cultura encontraremos una infinidad de capas que nos construyen como hombres: sugerencias de la madre, del padre, del estado o de dios, todo esto puesto sobre un platillo sabroso del cual podemos disfrutar regocijantes sus sabores o bien  ponernos a analizar mañosamente los ingredientes, poniendo delante nuestras antiguas ideas y perdiendo para siempre ese momento pleno e irrepetible del disfrutar la vida.

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Acerca de sebastiandiazrovano

"Creo fervientemente en la revolución, no como parricidio moderno, sino más bien como excedente de sentido".

5 Respuestas a “Normal no es igual a bueno… (sobre la orientacion sexual)

  1. Juan M. Vidal ⋅

    De hecho he radicalizado mi postura sobre el dueto agresión / tolerancia. Si la agresión es real, no puede haber tolerancia, sólo defensa. Por lo tanto el concepto mismo de tolerancia supone una agresión imaginada o imaginaria; la tolerancia entonces vendría a ser una noción tributaria de una visión paternalista y verticalista de los agentes sociales, lo único que corresponde es la simple aceptación del devenir de los procesos sociales.

  2. Tienes razón Victor…. creo que lo que tu llamas ego-centrismo es el equivalente a los términos “etno-centrismo” de la antropología o bien “hetero-normativismo” de la critica de derechos en el ámbito de luchas de minorías sexuales. Y, si bien el paradigma imperante es el descrito, el cual me parece deviene de las exigencias fagocitarias del capitalismo, por otro lado creo que hoy surge una posibilidad de renovación a nivel global, me explico: por ejemplo la democracia que tradicionalmente ha sido vinculada con la idea de bien común por la vía de una preeminencia de la opinión o derechos mayoritaria en desmedro de las minorías, ha comenzado a colapsar, la misma que hasta ahora ha funcionado por una lógica de homogenizacion civil en donde la norma es expresión de esta tendencia homogenizante y cuantitativamente “mayoritarizante”, hoy día pierde credibilidad, y claro, si esta estaba operando por negatividad: “las minorías terminan siendo enemigas de la mayoría y la función que antes pretendía garantizar derechos en realidad resulta una isntitución de cohercion y violencia legitima contra las minorías y por extensión contra el pueblo que pese a su volumen termina actuando como minoría frente al poder del capital, las transnacionales y el orden imperante”, pero hoy creo que surge un nuevo estado de cosas, una deslegitimacion de la institucionalidad política por la vía de un “desenmascaramiento” .

  3. Toda la razón Juan, claramente esta persona así como gran parte de esta sociedad se ve amenazada… yo les diría algo que escuché por ahí: “no se preocupen no se van a casa con usted, se van a casar las personas que así lo deseen”… claramente este miedo e intolerancia surge ante al posibilidad normativa, ante la actitud infantil de alguien que necesita de la norma para actuar y en lo más profundo la confunde con lo natural, de ahí saca sus “mandatos y deberes” y perpetua la visión inercial de la primera sociología, aquella que anulaba al sujeto y lo erigía como una resultante de las “leyes” de la sociedad, confundiendo otra vez lo explicativo de la norma con lo prescriptivo de la ley , ambos ámbitos de la cultura y en el mejor de los casos de la intelección pero por lo mismo siempre sujetos a nuevas regulaciones, cambios de paradigmas, etc, lo más alejado a lo natural… en resumen lo natural no se explica, la explicación es una respuesta torpemente humana a lo inasible de la “realidad”.

  4. Juan M. Vidal ⋅

    No hay tolerancia sin percepción de agresión; es decir, se es tolerante sólo respecto de algo que nos resulta agresivo en algún sentido.
    Y es justamente acá donde se produce el enmascaramiento del intolerante, en la explicitación verdadera de aquello que le resulta agresivo, porque pone de manifiesto sus temores; con ellos dichos públicamente, nos encontreremos con grandes e impublicables sorpresas, como es el temor o las dudas sobre la propia identidad de género, o episodios oscuros de la propia vida, enfin.
    Me parece que bastaría, en una situación de polémica pública, exigir esta aclaración, esta verificación.

    • Victorchautard ⋅

      eso se debe a que la agresion se asimila a la violencia, que es definida por la diferencia entre una situacion x y otra situacion percibida de manera negativa, asi mismo la “percepcion de agresion” necesaria para sustentar el concepto de “tolerancia/intolerancia” proviene de aquella diferencia entre una situacion “normal” y una situacion “anormal”. Y todo eso se alimenta del ego-centrismo (etnico, sexual, social, etc.) que marca la norma aceptada. Creo que eso instrumentalizado es uno de los males mas nefastos del planeta, lo que me da miedo es que en parte el paradigma actual “normal” se erige en esto y termina por facilitar el asesinato de la formas de vida “anormales” que por lo general por ser pseudo-“nuevas” no permiten el lucro, o sino conllevan un costo de integracion al mercado que se evalua como poco “interesante” o “util”.

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